jueves, 20 de enero de 2011

...ASÍ SOMOS Y ASÍ OS LO HEMOS IDO CONTANDO...


Como última entrada del blogs queremos despedirnos.
Sólo decirte que nos ha encantado aprender todo lo que hemos aprendido y de esta forma. Tus clases nos han servido de mucha ayuda para todas las asignaturas y será un conocimiento significativo.
TE LO ASEGURAMOS

MUCHAS GRACIAS .........................HASTA PRONTO


                                                     LOS CALENDARIOS


Desde tiempos antiguos, la vida de las sociedades se ha organizado básicamente en torno a dos ciclos temporales. Uno es el año, cuya duración de aproximadamente 365 días, viene dada por la astronomía y el otro, más breve, es el ciclo de siete días o semana, en cuya duración, pese a ser algo bastante más arbitrario están de acuerdo las culturas más relevantes del mundo contemporáneo. Otros dos ciclos también utilizados en las culturas presentes hoy en día, aunque de menor importancia son el mes  o lunación y la estación  o trimestre.
Debido a que el número días del año varía entre 365 y 366, y a que ninguna de estas dos cantidades es múltiplo de siete, la disposición de los días en el calendario varía año tras año. Técnicamente, nuestro calendario gregoriano es un ciclo, ordenado de una manera particular, de 14 calendarios diferentes.
Este hecho, junto con la arbitraria duración de los meses (de 28 a 31 días) ha hecho que desde el siglo XIX se alzaran diversas voces proponiendo su reforma. Dejando de lado aquellas que pretendían variar la duración de las semanas, estas reformas pueden clasificarse atendiendo a su respuesta a tres cuestiones:
A. Qué hacer con el día sobrante (o dos días, en caso de año bisiesto):
1) La solución más natural, y la que consideraban las dos grandes propuestas de reforma del siglo XX, es añadir el día o días sobrantes como un día aparte de la semana, esto es, sin ser un lunes ni un martes ni un domingo. Esto generalmente se hace tras finalizar el último mes y el día bisiesto se añade en ocasiones a mitad de año.
Esta solución, topó con la oposición de las distintas religiones que verían interrumpido de esta manera el milenario ciclo de las semanas, haciendo fracasar las propuestas de reforma de mediados del siglo XX.
2) De igual manera que las casi seis horas sobrantes de cada año se van guardando para añadir un día más cada cuatro años, se pueden guardar treinta horas, es decir, un día y cuarto, y añadir una semana extra cada cinco o seis años. Esta opción tiene como desventaja que las fechas en las que ocurren los equinoccios y solsticios sufren una variación mayor de año en año. No obstante es la solución adoptada por algunos calendarios que combinan año y semana, como el calendario litúrgico cristiano o el calendario de la ISO8061.
B. Cómo agrupar las 52 semanas de que consta el "cuerpo" del año
Sería conveniente que la subdivisión del año en meses y trimestres cumpliera tres características: Que cada mes contuviera un número entero de semanas, que cada estación o cuarto de año contuviera un número entero de meses y que cada mes tenga el mismo número de días o casi el mismo. Sin embargo, no es posible construir un calendario con estas tres características simultáneamente, y hay que renunciar a alguna de ellas:
1) Si renunciamos a que el mes tenga un número entero de semanas, podemos dividir el año en cuatro trimestres de 91 días, es decir trece semanas, y cada uno de estos trimestres en tres meses de 31, 30 y 30 días. Esta es la idea principal del calendario mundial y es la que supone un cambio menor respecto de nuestro calendario actual.
2) Si renunciamos a que cada estación tenga un número entero de meses, es decir a que el número de meses sea múltiplo de cuatro, podemos construir un calendario con 13 meses de 4 semanas cada uno, es decir, 28 días. Esta solución es la base del calendario fijo internacional  y fue propuesta ya a mediados del siglo XIX por Auguse Comte.  Es la única en la que todos los meses tienen idéntica estructura. Sobre el nombre que recibiría el nuevo mes y el lugar del año donde se intercalaría hay una amplio abanico de propuestas: "Luna" o "Sol" intercalado entre junio y julio, "Colón" intercalado entre noviembre y diciembre, o recuperar el Mercedonio romano entre febrero y marzo.
3) Si renunciamos a que todos los meses tengan una duración igual o al menos aproximada, podemos dividir el año en cuatro trimestres de trece semanas, y cada uno de estos trimestres en tres meses de 4 o 5 semanas cada uno, es decir 28 o 35 días.
C. La semana (y por tanto el año) comienza por domingo o por lunes
Aunque ésta cuestión es de mucha menor relevancia que las anteriores, no está exenta de controversia. En la mayoría de países europeos y en la ISO8061 se considera como primer día el lunes. Para Estados Unidos y para las religiones cristiana y judía, el primer día es el domingo.
En esta tabla se resumen muchas de las propuestas de reforma del calendario:

CalendarioCreadorA: Días sobrantesB: EstructuraC: Primer día de la semana
Calendario mundialMarco MastrofiniSe añaden cada año12 meses de 30 o 31 díasDomingo
Calendario fijo internacionalAuguste ComteSe añaden cada año13 mesesLunes
Calendario "Pax"ColliganSe agrupan en una semana13 mesesDomingo
Common-Civil-Calendar-and-Time CalendarDick HenrySe agrupan en una semana12 meses de 30 o 31 díasLunes
Calendario BonavianChris Carrier, Joseph ShteinbergSe agrupan en una semana12 meses de 4 o 5 semanasLunes
Calendario Nueva TierraSe agrupan en una semana13 mesesLunes

Otras propuestas de reforma no afectan a la estructura del año sino al cómputo de los mismos, como por ejemplo el Calendario Holoceno.

LA SOLEÁ, OTRO DE LOS CANTES GRANDES


Para otros usos de este término, véase soleá.
La soleá es una combinación métrica propia de la lírica popular andaluza, compuesta por tres versos de arte menor octosílabos con asonancia en el primer y el tercer verso y sin rima de ninguna especie el segundo (8a, 8-, 8a). Se la conoce también con el nombre de "terceto gallego" o "terceto celta". Entendida como composición poética, suele versar sobre el tema de la soledad y el desengaño.[1] [2] El plural de soleá es soleares.
La soleariya es un derivado de la soleá, en la que el primer verso es hexasílabo y los otros dos endecasílabos. Como variante, la soleariya puede presentar la siguiente estructura: un primer verso hexasílabo, un segundo verso de arte mayor de entre 10 y 12 sílabas, y un tercer verso hexasílabo. En los dos casos citados, la soleariya presenta la rima característica de la soleá, rimando los versos impares en asonante y quedando el segundo libre.
La soleá ha traspasado los límites de la literatura popular andaluza, incorporándose a la obra de autores como Manuel Machado, quien usó soleares y soleariyas en su libro Cante hondo (1912).
Tengo un querer y una pena.
La pena quiere que viva;
el querer quiere que muera.
(soleá)
Llorando, llorando
nochecita oscura, por aquel camino
la andaba buscando.
(soleariya)
La soleá es considerada como uno de los "cantes grandes" del género flamenco.

MARTINETE, PALO FLAMENCO BASE


"Alrededor del martinete se han forjado una serie de hipótesis infundadas, por cuanto que de él nada se sabe". Así de radical inicia el comentario de este palo Hipólito Rossy, en su "Teoría del cante jondo". No obstante está generalmente aceptado por los especialistas que el martinete pertenece al grupo matriz de las "tonás", del que se fue desgajando hasta adquirir personalidad propia. Es un palo que se encuadra dentro del grupo de los llamados "cantes a palo seco", es decir, que se realiza sin acompañamiento instrumental. Asimismo, una gran parte de los estudiosos han coincidido en señalar las a las fraguas como el lugar donde comenzaron a gestarse este tipo de cantes, en razón a que los fuelles gemelos que se utilizaban en las fraguas se denominaban martinetes. Según Garcia Matos, existen dos especies de martinete: el "natural" (con antecedentes en los cantos de ronda extremeños) y el "redoblado". La copla del martinete es una cuarteta octosílaba y se canta sin repeticiones en el martinete "natural" y con repeticiones en el martinete "redoblado". Para cantar el martinete es necesario que el cantaor posea grandes facultades; es un cante duro y tiene mucha dificultad poder con todos sus tercios y expresar, al mismo tiempo, la fuerza dramática que cobija cada una de sus letras. Por ejemplo:

A mí me llaman el loco
porque siempre voy callao;
llamarme poquito a poco
que soy un loco de cuidao


El sentido de la expresión del martinete siempre será serio, y , a veces, desgarrador:

Alza la voz pregonero;
levanta la voz y di:
no hay deuda que no se pague
ni amor que no tenga fin.


O esta otra:

Desgraciao aquel que vive
Y come pan de mano ajena
¡Siempre mirando la cara
si la pone mala o buena!


Ha sido objeto de justa crítica el acompañamiento que muchas veces lleva el canto del martinete, consistente en tratar de reproducir, a la par del cante, el sonido de los golpes sobre el yunque, con objeto de crear la atmósfera artificiosa del cante en la fragua. Tal estampa puede ser representada en un teatro o al grabar un disco, pero dificilmente se ha podido dar en la vida real, porque el esfuerzo que requeria el trabajo de fragua haría imposible simultanearlo con el impulso sobrehumano que requiere el canto del martinete. El martinete era un cante casi olvidado y fue la iniciativa de D. Manuel de Falla al anunciar el Concurso de Cante Jondo de Granada, el año 1922, y poner juntos como palos a interpretar al martinete y la carcelera lo que hizo que se recordara al martinete.Después Manuel Centeno lo metió en la saeta (saeta por martinetes). José Blas Vega, en la presentación de la Magna Antologia del Flamenco, agrupa al martinete en tres escuelas: -El Puerto de Santa Maria, estilo de caracteristicas personales poco conocidas. -Jerez -Triana, donde tuvo lugar la mejor tradición y especialización de estos cantes, en las fraguas gitanas de los Pelaos, los Caganchos y los Puyas, cuyo heredero directo fue Pepe el Culata.

miércoles, 19 de enero de 2011

EL CLARINETE

El clarinete tiene su origen en un antiguo instrumento popular francés que era de lengüeta simple con 7 agujeros. En el siglo XVII un clarinetista alemán le agregó una llave para el pulgar de la mano izquierda, que permitía producir una nueva gama de sonidos, una duodécima por encima de la nota original.
El clarinete ha participado en la revolución musical que supuso, y supone, el jazz. Desde su integración incontestable en las primeras agrupaciones juzzísticas y en las big bands hasta la existencia de grandes instrumentistas de jazz que tomaron el clarinete como vehículo de expresión.
El clarinete pertenece, al igual que la flauta, el oboe y el fagot, a la familia orquestal del viento-madera. Es un aerófono de lengüeta simple. Se construye en madera y su perfeccionamiento, en el siglo XIX, con un sistema de llaves mejorado le situó en un lugar privilegiado entre los instrumentos. La belleza de su timbre lo hace apto para interpretar pasajes como solista además de ser un instrumento de enorme agilidad.
Se compone de:
.- Una boquilla con una lengüeta sencilla sujeta a ella por una abrazadera.
.- Un tubo de orificio cilíndrico compuesto por varias piezas de madera dura o resina sintética llamadas: barrilete, cuerpo superior y cuerpo inferior. En estos dos últimos existen agujeros y llaves que se tapan o se presionan con los dedos. Algunos agujeros se cierran con las llaves presionadas o sin presionar.
.- Un pabellón o campana.
El nombre de clarinete proviene al añadir el sufijo –et que significa pequeño, a la palabra latina clarino, que significa trompeta. En el Barroco generalmente se utilizaba para sustituir a ese instrumento, debido principalmente a su capacidad para realizar cromatismo, cosa imposible de conseguir en la trompeta natural.
El timbre del clarinete es rico matices y posibilidades expresivas. Junto a la flauta y el violín es el instrumento más ágil de la orquesta; puede emitir cualquier matiz extremo en cualquiera de sus registros, lo que hace de este instrumento una voz sumamente versátiles, dicha capacidad de emitir matices extremos en cualquier registro es única entre todos los instrumentos de viento. También es uno de los instrumentos con una de las extensiones más grandes en su registro: el soprano alcanza más de cuatro octavas y los modernos clarinetes bajos ampliados sobrepasan las cinco octavas.
Su característico timbre se debe a la geometría cilíndrica de su cuerpo, lo que produce una casi anulación de los armónicos pares, lo que lo hace parecido a una onda triangula.
Se han escrito grandes obras y conciertos para el clarinete, entre los que destaca uno de los conciertos mejor valorados de la historia, el Concierto en La Mayor para clarinete y orquesta de Wolfgang Amadeus Mozart.

martes, 18 de enero de 2011

Muere el pianista AUGUSTO ALGUERÓ

El pianista Augusto Algueró Dasca nació en Barcelona el 23 de febrero de1934. Estudió música en el Conservatorio Municipal de Barcelona y estudió la carrera de Medicina. Su carrera musical comenzó en la década de los de los 50, cuando él tenía 17 años de edad.
Entre 1961 y 1974, estuvo casado con la actriz Carmen Sevilla, con la que tuvo un hijo, el cual también es compositor, y de la que se separó diez años después. En 1986, se volvió a casar, con Natividad Benito.
A lo largo de su carrera, Augusto Algueró realizó multitud de canciones que llegaron a ser muy populares para el público. Títulos como “Penélope”, que con voz y letra de Serrat y con arreglos de Ricard Miralles, llegó a ser una de las canciones indispensables en el repertorio del Cantante catalán.
“Te quiero, te quiero” y “Noelia”, interpretadas por el valenciano Nino Brevo; “Estando contigo”, “Corazón contento” y “Tómbola”, para la cantante y actriz Marisol; “Acompáñame” para Rocio Dúrcal o “La chica ye-ye”, para Concha Velasco, son ya temas que pasaron a la historia de la música española y que fueron grandes éxitos en su época.
Como compositor y director, Augusto Algueró, estuvo presente en festivales como los de la OTI y Eurovision. En este último festival, en el años 1961 compuso la canción “Estando contigo” que representó a España por primera vez en este evento, y que interpretada por Conchita Bautista obtuvo un noveno puesto. En 1972 con la canción “Amanece”, en la que Augusto Algueró colaboró con Ramón Arcusa, el intérprete Jaime Morey consiguió la décima posición.
Durante su carrera, también ha compuesto la música para multitud de películas.
En televisión, sus colaboraciones más interesantes quizás hayan sido Historias de la frivolidad de Narviso Ibáñez Serrador, con la que logró la Rosa de Oro del Festival de Montreux  y El Irreal Madrid, con el que ganó la Ninfa de Oro del Festival de Televisión de Montecarlo.
Falleció en Torremolinos el 16 de Enero de 2011 debido a una parada cardiorrespiratoria mientras dormía.


lunes, 17 de enero de 2011

EL CINE EN LAS AULAS!!

La utilización del cine como instrumento de formación en valores estimula la capacidad crítica del alumno, al tiempo que refuerza su bagaje cultural.

Según la sabiduría popular, “una imagen vale más que mil palabras”. La frase, acaso una de las más utilizadas del ‘refranero universal’, ha sido objeto de numerosos análisis, y permanentemente se encuentra tanto con defensores como con detractores que ensalzan el poder de sugestión de la palabra. No pretendemos en este caso entrar en debates que exceden del objetivo de estas líneas; sí reafirmar la certeza de que la imagen, en general, y el cine como vehículo de valores y emociones, es una herramienta indispensable para la formación de los jóvenes.

El pretexto de la celebración del día del cine por la FAD y UNICEF el 13 de febrero, nos permite adentrarnos en la capacidad del cine para inculcar actitudes y modelos de vida positivos. El formato audiovisual cuenta con un casi unánime grado de aceptación. Casi desde sus inicios, las imágenes de la gran pantalla han actuado como una de las formas de ocio favoritas entre los jóvenes. Las generaciones anteriores evocan las tardes de cine como un ámbito en el que se resguardaban de las penurias de una realidad que no siempre daba motivos de satisfacción.

La posterior conversión del cine en una de las industrias más poderosas del planeta ha propiciado el acceso a su oferta de la práctica totalidad de la población. Y los jóvenes, en su nuevo papel de consumidores activos, se han convertido en destinatarios directos de gran parte de las novedades que aparecen en cartelera.

Este nuevo escenario, al igual que ocurre con todos los procesos de masificación, trae consigo ventajas e inconvenientes. Éstos, por fortuna, son frecuentemente tratados y casi podría decirse que existe una red de prevención, compuesta por educadores, observatorios internacionales de la imagen y fundaciones de distinto signo, dedicada a alertar sobre películas que tienen la violencia y el sexismo como reclamos.

Esta prevención, no obstante, no se traduce automáticamente en una garantía de éxito frente a los contenidos discriminatorios. Es tal el poder de penetración de la industria, amparada en espectaculares campañas publicitarias, que la reinvención de la realidad que realizan algunos filmes pasa a ocupar, en el imaginario juvenil, el sitio de la ‘verdadera’ realidad. Abundan los ejemplos. Esta desigual confrontación debilita el ya frágil límite entre uno y otro escenario. Aunque cierto es que algunas inercias proteccionistas invaden otro límite, éste inapelable: el de la libertad de expresión.

La familiaridad de los jóvenes con el medio facilita la utilización del cine como herramienta educativa. En este caso, divertimento y formación se unen para fomentar su capacidad crítica y estimular la reflexión y el análisis. Al poder seductor que por su propia naturaleza desprende la imagen, debe sumársele una metodología de visionado que se articula a través de pautas impartidas por el docente, en las que se resalten los valores que serán analizados en un posterior debate.